Matlamiquiztli

Aquí la historia del Matlamiquiztli, una supuesta tenebrosa aparición en el estado de Sinaloa, en México.

La historia cuenta que, hace mucho tiempo, a mitad del siglo XX, vivió un muchacho común en la capital del estado, un chavo que siempre estuvo rodeado de las injusticias de la vida. Si bien parecía tener una vida cómoda y muy graciada, a veces los recuerdos del pasado, incluso las quejas hipócritas familiares, solían venir en los momentos más tranquilos y en los recuerdos más felices o fantásticos de su vida, al estar cercanos entre sí.

En la niñez, justo en primaria, era evidente que solía sufrir menores casos de acoso y el despotismo de algunos maestros. También solía ser muy solitario, porque, aunque quería, muchos solían excluirlos y ni siquiera había el menor interés.

Al cumplir los 12 años de edad, le tocó aparecer en una escuela pacífica, de esas que se suponían que “todos” son amables. Inscribiéndose, creyó que todo iba a ser mejor, como si en ese colegio no existiera la imperfección; y al fin iba a estar con gente que sí le incluiría. Sin embargo, al entrar, su expectativa no tenía nada que ver con la realidad, y, en cambio, afrontó otra vez la exclusión, porque quería estar con un grupitos de amigos en específico los cuales no querían que estuviera con ellos, con el santo argumento de la privacidad.

Luego tocó también afrontar maestros que siempre estaban de mal humor, o que se desquitaban con alguien al azar. Aún así, era muy platicador, y siempre que podía solía contar de algún gusto en específico. Con un maestro eso le costó un poco, ya que, en el momento menos inoportuno, le gritó de repente, y después casi lo agarraba como objeto de desquite. Solía mantener ciertos pleitos con personas, sobre todo cuando ni siquiera se los buscaba.

Asimismo, en el ámbito familiar, algunos familiares siempre lo juzgaban por como era, pues era un chico raro, diferente, y uno lo trataba como si fuera solo un extraño a diferencia de los demás familiares. Sus padres siempre tenían pleitos; su padre casi siempre lo criticaba en lo más mínimo, y su madre era la que armaba contiendas entre su marido, o con los hijos. Un hermano siempre solía atacar a propósito, porque era un chico orgulloso y parecía amargado.

Y no podía hacer lo que a él lo asombraba, ya que para algunos era pecado o los humanos lo condenaban.

Todas estas situaciones que almacenó en su cabeza fueron las que aparecían en su mente, deseando que todo hubiera sido diferente. Y, pasando unos años más tarde, un día, cuando su padre le empezó a criticar en lo más mínimo, todos esos recuerdos se adjuntan, al grado de querer vengarse de aquellas injusticias por las que tuvo que pasar. Parecieron deformarlo por dentro, creando en él un monstruo vengativo que se encargaría de castigar a todos los que obran mal, en especial a aquellos que son iguales o similares a esas personas que le hicieron daño.

Al morir, su espíritu regresaría convertido en ese monstruo que dibujó casualmente o se hizo sentir en su resentimiento. Un viejo feo, tez verde, y apestoso, con el cabello desmelenado como espanto. Aspecto que refleja su resentimiento y el deseo de vengarse del hombre. No es buscar la restauración del mundo por su propia cuenta, sino que es la búsqueda de impartir justicia.

Desde entonces, el espíritu del muchacho aparece siempre en las calles, generalmente de noche o desde el anochecer. Sería una entidad cuyo propósito es castigar la conducta inmoral, manifestándose bajo formas que combinan la belleza humana con la naturaleza demoníaca.

Es la figura de un hombre alto, guapo y fornido, que habitualmente le sale a las mujeres tunantes. A estas, las atrae con su bonita forma y ya cuando la tiene en sus manos se transforma en un monstruo.

En otra variante, podemos situar al Engañador Nocturno en las carreteras del estado. Allí aparece como un hombre atractivo que pide aventón únicamente a mujeres. Una vez dentro del automóvil o encima de la motocicleta, la ilusión se mantiene por unos minutos hasta que, en un tramo solitario, la forma humana se transforma en un tikbalang, criatura equina de ojos llameantes.

El relincho que emite —descrito como de origen infernal— provoca pánico y, en muchos casos, accidentes fatales.

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